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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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M:: 


lela H. 
eenTri 


éctor es un joven que 
nidad. La religión no le 


interesaba 


. en abs( 


iluto, y n 


o conocía nada 


referente ; 


1 los ad 


ventistas. 


Pero Dios uti- 


lizó un n 


ledio sorprender 


ite para captar 


Duranl 


te' sus 


años d< 


e crecimiento 


Mándela 


visitó 


diversas 


iglesias, pero 


nunca le 


había dado su 


vida a Dios. 


Cuando s 


;u prim 


o lo invii 


tó a ir con él a 


una iglesi 




nática el 


joven decidió 


acompañarlo. En 


tonces se 


: dio cuenta de 


que íntim 




deseaba 


que Dios fuera 


parte de : 


su vida 


. Compr 


ó una Biblia y 



Halló la verdad en un 
canal desconocido 

Abril 19 Como Anna Parinova lo contó a Misión 



favorita: la única que miraba. En la pro- 
gramación varios oradores predicaban y 

Hez y mucha claridad. Mándela tomaba 
nota de las referencias bíblicas con el fin 
de repasarlas en su Biblia después de la 
terminación del programa. 

Cierta vez el predicador por televisión 
habló sobre el tema del sábado. Leyó en 
los Diez Mandamientos los versículos 
referentes al sábado como día de reposo. 
Luego explicó que Jesús guardó el sábado 
) en la tierra. Después expli- 
íscanso del sábado fue cam- 
Mientras la estudiaba surgieron varias biado por el domingo varios siglos des- 
preguntas en su mente, y él le pidió pues del sufrimiento y la muerte de Jesús, 
ayuda al pastor de su primo para que le En la empresa donde trabajaba les 

expHcara lo que no comprendía. Pero contó a sus amigos y compañeros de 
cuando las respuestas del pastor no lo empleo sobre el extraño canal de televi- 
dejaron satisfecho, buscó contestaciones sión que sintonizaba después del trabajo, 
en otra parte. pero nadie lo había visto nunca, ni lo S 

pudieron encontrar en sus pantallas. Sólo O- 
Una verdad televisada un tiempo depués descubrió que su pan- > 

Mándela encontró una estación televi- talla ¡captaba el programa a través del < 
sora que transmitía programas religiosos, disco satelital de su vecino! H 

y comenzó a sintonizarlos. Un predica- P 

dor habló sobre profecía, y su tema captó Por fin Ull nOlTlbre a 

el interés de Mándela. El joven había Cuando Mándela descubrió que el | 

leído el Apocalipsis, pero no había podi- canal de televisión estaba afiliado con la z 
do comprenderlo. Lo escuchó con Iglesia Adventista del Séptimo Día, se % 
mucha atención y quedó impresionado al dedicó a buscar una iglesia adventista. Le g 
comprobar que todo lo que decía estaba preguntó a la mujer que le había vendido ^ 
respaldado con textos de la Bibha. su Bibha. Aunque ella no era de la iglesia, fí 

Mándela estaba cautivado. Esta televi- le indicó dónde encontraría una. Z 



Ese viernes le dijo a su jefe que no asis- 
tiría al trabajo al día siguiente. Esa tarde 

Encontró a una joven que estaba abrien- 
do la puerta de la iglesia y le preguntó 
cuál era el horario de cultos. Ella le dio la 
información y lo invitó a asistir. 

A la mañana siguiente Mándela se 
levantó temprano, emocionado al pensar 
que celebraría el sábado en la casa de 
Dios en compañía de otros creyentes. Se 

nadie en la congregación. Uno de los 

comer con ellos al mediodía, y le pregun- 
tó por qué había asistido a la iglesia ese 
día. Mándela le habló de los programas 
que había estado mirando por televisión, 
y el hombre quedó asombrado. Fue 
entonces cuando Mándela comprendió 
que el canal de televisión que había esta- 
do observando y que tanto le había ense- 
ñado de la BibÜa, en ese tiempo no esta- 
ba diponible para Trinidad. Dios lo había 
guiado a ese pequeño punto del país 
desde donde podía captar ese canal 
adventista y aprender las verdades que el 



lizo de ; 

o. Aprendió 
de la fe 
izado. 



2 Muy pronto Mandt 



1 con Cri: 
Rindamei 



^ firme a su 

% bien las d 

Z y pocos meses más tan 

c Un nuevo llamamiento 

H Mándela ya no se sentí 

!j su trabajo de carpintero. 
,: — »„„ — ^g compartir 



flie 



Ahor 



irdades que había aprendido. 



I cómo podi.„ .. 
i la Agencia Adi 



ta de Publi 



inlo 



donde Mándela se sorprendió de encon- 
trar tantos libros y revistas que expUcan la 
Biblia. Compró varios libros y se puso a 



déla 



Miei 



.r de pubU- 



versaban. Mándela ob 
que había detrás del escritorio del direc- 
tor, con esta leyenda: «¿Quieres ser un 
colportor evangeÜsta?» Le preguntó al 
director de pubUcaciones qué significa 
ser un colportor evangelista, y el hombre 
se lo explicó. Mándela comprendió que 
había hallado su misión. 

Ese mismo día firmó una soÜcitud 
para recibir entrenamiento con el fin de 
llegar a ser un colportor evangelista. 
Cuando Mándela le anunció a su jefe de 
trabajo que abandonaría su empleo, el 
jefe le preguntó con qué pensaba soste- 
nerse. Mándela le respondió que estaría 
haciendo un trabajo para Dios, y que 
confiaba en que Dios se encargaría de 

Luego salió a mostrar a otras personas 
sus amados Ubros y a hablarles de su 
contenido. Para sorpresa suya, encontró 
que no toda la gente se interesaba por 
comprarlos. Pero Dios fortaleció su fe. 
Conoció a algunas personas que habían 
soñado que Dios enviaría a alguien con 

preguntas que tenían, justamente antes 
que Mándela llegara. Eso 
dieron la seguridad de que sé 
donde Dios deseaba qu< 
«Verdaderamente este es el trabajo que 
Dios me ha ordenado —dice Mándela—. 
Dios me ha mostrado que algunas perso- 
ener estos Ubros y 



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